lunes, 21 de agosto de 2017

100 AÑOS: Tácticas y estrategias de la Revolución


Como señala el Profesor Fontana, el centenario de la Revolución Rusa de octubre de 1917, debe servir para “sacar lecciones útiles para un presente de desconcierto e incertidumbre”. Yo añadiría, además, para comprender mejor las derrotas revolucionarias desde entonces. 


Aunque la lucha de clases se expresa siempre de forma concreta y todas las revoluciones bajo el capitalismo industrial son distintas, todas tienen fundamentos políticos similares. No todas las situaciones revolucionarias terminan en revolución, de la misma manera que no toda revolución culmina en victoria. De hecho, la mayor parte de las revoluciones del siglo XX han sido derrotadas. La excepcionalidad histórica de Rusia en 1917 es que se producen las tres circunstancias. Las dos primeras como hechos objetivos desde la Revolución de Febrero: explosión revolucionaria de las masas obreras sin dirección política en Petrogrado, con repercusión en el medio rural y sobre todo en los campos de batalla, fruto de las contradicciones económicas, sociales y políticas, que los desastres de la guerra agudizan exponencialmente. Pero al mismo tiempo, un elemento subjetivo: una organización con influencia de masas que a través de una táctica y estrategia definida, conquista el poder político derribando el sistema capitalista para construir el socialismo. 

La estrategia del Partido Bolchevique desde Las Tesis de abril de Lenin se basa en su objetivo político: la toma del poder por parte de la clase obrera, para evitar que los trabajadores vuelvan a ser derrotados por la contrarrevolución como en 1905 y la Comuna de París de 1871. Y al mismo tiempo, una táctica de intervención en los Soviets para ganar la mayoría de los trabajadores -que inicialmente respaldan a mencheviques y eseristas en objetivos democrático-burgueses en Febrero-, para luchar por la revolución socialista en Octubre. De esta forma, además de ser la primera revolución obrera que triunfa, tiene la particularidad de ser la más importante, no solo por significar la mayor transformación económica, política y social de un país en la Edad Contemporánea, sino por la connotación táctica y estratégica que se lleva a cabo. 

Aunque la Revolución de Febrero la hacen los trabajadores de Petrogrado con repercusión en los soldados de su guarnición militar -obreros y sobre todo campesinos “uniformados”- que impiden su derrota por las fuerzas policiales del zarismo, el Gobierno Provisional resultante es de la burguesía, que se ha puesto a sí misma tras la caída del Zar. Los liberales se ven obligados a “compartir” un doble poder con los Soviets de obreros y soldados, que les aleja cada vez más de las masas trabajadoras, al continuar la guerra y las precarias condiciones laborales y salariales en las fábricas. La lucha de clases en esta situación mantiene una tensión permanente entre los obreros que convocan manifestaciones y huelgas a través de los Soviets, y el Gobierno burgués que mantiene el capitalismo y la guerra. Como resultado, los liberales precisan la participación de las organizaciones obreras reformistas en su gobierno para tratar de calmar los comportamientos revolucionarios de la clase trabajadora. Sin embargo, la entrada de mencheviques y eseristas en el Gobierno Provisional en mayo, que no cuestiona ni la continuación de la guerra ni la propiedad de las fábricas y las tierras, deja a los bolcheviques ante los ojos de las capas más activas de los Soviets, como los únicos que defienden la lucha por transformar la sociedad –pan, paz y tierra-, a través de su consigna principal: ¡Todo el poder a los Soviets! 

Esta idea adquiere tal influencia ante la realidad social, que los obreros y soldados de Petrogrado intentan tomar el poder en julio sin la suficiente preparación en el resto del país, motivo por el cual los bolcheviques no lo plantean en ese momento. Esta consideración táctica de los bolcheviques en julio, valorando prematuro la lucha por el poder en el proceso de toma de conciencia -determinación de lucha y organización- que es insuficiente fuera de la capital, se combina dialécticamente con las prisas de Lenin a finales de septiembre para luchar por él. Una vez la contrarrevolución avanza en julio con el encarcelamiento de bolcheviques y el cierre de sus locales y periódicos, así como la intentona de Kornilov de tomar Petrogrado a finales de agosto, espolea la revolución no solo en la capital que le derrota. Por primera vez, tanto en Petrogrado como en Moscú los bolcheviques son ahora mayoría en los Soviets. De esta forma, el proceso paralelo entre el movimiento de las masas que sacan sus propias conclusiones revolucionarias en base a su experiencia, con la autoridad ganada por una organización que aglutina a los sectores más combativos dentro de la expresión de lucha común de todas las capas obreras en los Soviets, es lo que permite el 24 de octubre la toma del poder. La insurrección de Octubre es la culminación del proceso revolucionario de manera consciente y organizada por el Partido Bolchevique, cuyo protagonista es la clase obrera a través de los Soviets. Durante toda la jornada, las agrupaciones armadas de obreros y soldados toman casi sin resistencia el control de las instituciones del Estado y organismos públicos, no solo por tener el poder real el Comité Militar Revolucionario del Soviet, sino por carecer de poder alternativo para contrarrestarlo el Gobierno Provisional y el Ejército fuera de Petrogrado. 

Por lo tanto, se puede establecer una primera diferenciación cualitativa en el proceder bolchevique en 1917 en los órganos de poder obrero de los Soviets, de la posterior realidad de la URSS bajo control estalinista, que se basa en la anulación de los mismos. El estudio de la revolución rusa de 1917 –de febrero a octubre- merece un análisis específico y diferenciado de la posterior guerra civil provocada por la burguesía rusa e internacional, que da lugar a errores en el Comunismo de guerra, la NEP y el partido único, ante una coyuntura de aislamiento internacional y desastre económico no previsto. Por el contrario, la diferenciación con el estalinismo a partir de 1925 puede hacerse sobre los parámetros políticos de 1917. Mientras el Partido Bolchevique basa su autoridad a través de la intervención revolucionaria en el funcionamiento democrático de los Soviets donde los trabajadores ejercen su poder, el estalinismo establece su control político eliminando el poder de los Soviets. También por la política llevada a cabo en el Comintern, con una táctica y estrategia en las luchas revolucionarias a nivel internacional, que es exactamente la contraria de los bolcheviques en 1917. Mientras el frente único es abandonado desde su VI Congreso en 1928 equiparando socialistas y fascistas –anulando la lucha conjunta con mencheviques y eseristas en los soviets a través de huelgas, manifestaciones y evitar el triunfo de Kornilov-, desde el VII Congreso de 1935 con el frente popular propone unirse a la burguesía liberal contra la reacción –anulando su negativa a colaborar con el Gobierno Provisional-. La resultante empírica de ello es que bajo influencia de la URSS durante el siglo XX, solo hay derrotas revolucionarias sin victoria alguna y aquellas que se producen -China y Cuba-, lo son sin su orientación previa. La experiencia histórica del movimiento obrero sirve de inspiración para aplicar los aciertos no de forma mecánica tratando de copiarlos, sino para adaptarlos. Mientras estalinismo los anula, los bolcheviques en 1917 los aplicaron.

100 AÑOS: Lecciones de octubre rojo: comunismo es democracia


Cuando a mediados del siglo XIX los jóvenes revolucionarios Karl Marx y Friedrich Engels iniciaron su obra, orientaron su trabajo hacia la resolución de un “enigma histórico”, el planteado por la continuidad en el tiempo de las desigualdades entre minorías acaudaladas y mayorías empobrecidas, al tiempo que la creciente productividad del trabajo humano permite erradicarlas. Para ello, partieron de una cuestión clave: ¿De qué manera debería reorganizarse el mundo para construir un nuevo orden basado en la justicia? ¿Quién debería ser el agente impulsor de esta transformación? 


La respuesta estableció los fundamentos del marxismo: que sintetizo a continuación: 1) Todo sistema social se define por la manera en que establece la distribución de la riqueza y el poder. 2) El antagonismo y la competencia entre fuerzas sociales actúan como el motor que propicia la evolución histórica. 3) La injusticia social es inherente al capitalismo ya que deriva de la propiedad burguesa de los medios de producción y de la explotación de la fuerza laboral, sometida a la lógica de la acumulación de capital. 4) Por tanto, el reparto equitativo del poder y la riqueza requiere la conversión de la propiedad burguesa en propiedad social mediante la acción revolucionaria de las clases trabajadoras, en particular, del proletariado, única clase social que, por su situación en la división del trabajo, puede disponer del control colectivo de la economía. 5) La revolución proletaria deberá ser internacional, apoyada en la unidad de los pueblos del mundo, para así enfrentar con éxito el expansionismo capitalista. Es el sentido del llamamiento: “Proletarios de todos los países, uníos”. 6) El trabajo teórico, en medio de la lucha de clases, consiste en entender esta realidad de modo que la intervención humana pueda ser eficaz en la práctica. 7) La instauración del socialismo debe conducir a la sociedad comunista, basada en el reparto igualitario del poder y los recursos y la consiguiente extinción del aparato dominador del Estado. 

Lenin tomó las ideas de Marx y Engels y las desarrolló a partir de la realidad concreta de Rusia: un país gobernado por un estado autocrático y militarizado, con 100 millones de campesinos sometidos a 100 mil terratenientes, un modelo de industrialización impulsado por el Estado y financiado con fuertes inversiones extranjeras, generadoras de de una deuda pública astronómica, y una posición en la geopolítica mundial que explica su participación en la Gran Guerra de 1914-1918. 

En el contexto de matanzas masivas y privaciones generalizadas de la Gran Guerra, en la que ésta se manifestó en toda su crudeza como una guerra entre potencias imperialistas en la que el pueblo sólo contaba como carne de cañón, se gestó la Revolución Rusa, dando lugar a la mayor oleada revolucionaria de la historia protagonizada por la clase obrera, entre 1917 y 1923, . 

Cuando el corresponsal estado-unidense Jhon Reed llegó a Rusia y vivió la efervescencia de las jornadas revolucionarias de Octubre y Noviembre de 1917, magistralmente plasmadas en su obra “Diez días que estremecieron el mundo”, se dio cuenta de que estaba siendo testigo y partícipe del acontecimiento político mundial más importante del siglo XX. No le faltaba razón. Estaba asistiendo al primer gran desafío histórico que supuso para la propiedad burguesa, sacrosanto pilar del orden capitalista, la constitución del primer Estado obrero de la historia. 

Es, precisamente, la conflictividad derivada de este desafío y de las resistencias al mismo, el núcleo que, a partir de la Revolución Rusa, explica la historia contemporánea. Y es, precisamente, el interés “burgués” en camuflar este aspecto el que sustenta falacias interpretativas, como la que convierte la Revolución de Octubre en un golpe de estado leninista para imponer una dictadura, la que hace del stalinismo la consecuencia inevitable del Estado proletario de 1917 o la que alimentó durante décadas la imagen de la URSS como una amenaza para el “mundo libre”. De ahí, la necesidad de situarse en la historia real de la revolución y de la idea de comunismo como un ejercicio de memoria histórica, en beneficio de la ciudadanía. 

En esta línea, se inscriben las siguientes consideraciones: 

1) La Revolución Rusa fue un movimiento de masas, del que los soviets de obreros, soldados y campesinos, formados por delegados elegidos en las fábricas, los cuarteles, o las aldeas campesinas, fueron los órganos de representación popular y constituyeron, en toda Rusia, el núcleo del poder popular. 

2) Para Lenin y, en general, para los bolcheviques, la democracia era el requisito necesario para que el socialismo establecido tras el triunfo revolucionario conservase su victoria y condujera a la extinción del Estado como instrumento de dominación. Lenin representó el espíritu de los activistas bolcheviques y éstos, a su vez, el de las masas organizadas en soviets. De ahí, el llamamiento expresado en las famosas “Tesis de Abril”: “Todo el poder a los soviets”. 

3) La Revolución Rusa fue pacífica. La toma del Palacio de Invierno fue la culminación de un proceso social en el que el Gobierno Provisional había perdido toda capacidad de acción. La visión cinematográfica del acontecimiento, inmortalizada por Eisenstein, como una gesta heroica del pueblo en armas nada tiene que ver con la realidad. En toda Rusia el poder fue pasando de las manos de una clase a las de otra a medida que los poderes locales delegaban en los soviets el control de la situación. En este contexto, la disolución de la Asamblea Constituyente por el Partido Bolchevique en 1918, algo que ha hecho correr ríos de tinta liberal-anticomunista, no obedeció al deseo malévolo de imponer dictadura alguna (la democracia real estaba en los soviets), sino a la situación de emergencia que vivía el país. 

4) La legislación adoptada por el Consejo de Comisarios del Pueblo en Octubre de 1917 (retirada de la guerra, expropiación de las grandes haciendas para distribuirlas en parcelas campesinas, nacionalización de la banca, establecimiento del control obrero en las fábricas, reconocimiento de los derechos universales a la salud, la educación y a la igualdad entre hombres y mujeres...) supuso la abolición del feudalismo agrario y del capitalismo industrial y financiero, dependiente de la inversión extranjera, y prefiguró la sociedad socialista en su intrínseca relación con la democracia y los derechos humanos. Que el nuevo régimen pudiera mantenerse en un contexto de escasez generalizada dependía en gran parte de la solidaridad internacional, es decir, de la revolución mundial. Éste fue el punto de partida de la fundación en 1919 de la III Internacional. Sin embargo, la derrota de la oleada revolucionaria en Europa, que había forzado el fin de la Gran Guerra, frustró toda posibilidad de romper el aislamiento del régimen. La aceptación de la paz Brest Litovsk impuesta por Alemania en 1918, que significó paz a cambio de territorio y recursos, es decir, de ruina, se debió a la malograda esperanza bolchevique en la revolución alemana. 

5) La violencia y el terror no fueron desatados por la revolución sino por la contrarrevolución armada encarnada en el Movimiento Blanco y la vergonzosa intervención de las potencias aliadas, tan olvidada en la historiografía occidental como recordada en Rusia, donde costó la vida a millones de personas y provocó el derrumbe económico, la desintegración de la clase obrera y el despoblamiento de las ciudades por la huida al campo de la población urbana. 

6) Tras la guerra de 1918-1921, la capacidad de los trabajadores rusos para actuar colectivamente como clase había quedado aplastada. Venció el Ejército Rojo, pero la revolución quedó derrotada. De ahí que, tras la debacle, la única fuerza social organizada para operar en el plano nacional fuera la de los nuevos aparatos del partido y el Estado, nutridos por militares y burócratas que no habían participado en la revolución. 

7) Joseph Stalin, que había venido acumulando poder durante años, se convirtió en el delegado natural de la nueva burocracia dominante: la nomenklatura. La teoría del socialismo en un sólo país, elaborada en 1925, legitimó al nuevo poder. El fortalecimiento y consolidación en el poder de la nomenklatura se cimentó en el crimen político, perpetrado contra los veteranos de la insurreción de Octubre, y en el sacrifico social derivado de la implantación forzosa de un modelo de economía centralizada, cuyo objetivo era la equiparación militar con Occidente. Este modelo se basó en la uso de los excedentes procedentes del campesinado, sometido al proceso criminal de la colectivización forzosa, para financiar un ritmo vertiginoso de industrialización en bienes de equipo, infraestructuras y armamento, a expensas de los bienes de consumo. En realidad, un modelo asimilable a la acumulación primitiva de capital, denunciado por el propio Marx en su análisis del capitalismo, pero implantado por una burocracia estatal. ¿Socialismo o capitalismo de Estado? 

8) El poder de esta “burguesía de Estado” explica su supervivencia como oligarquía dirigente, directamente beneficiada por el salvaje proceso de privatizaciones que conllevó la restauración del capitalismo neoliberal tras la conmoción política provocada por la caída de la URSS. 

9) Por tanto, el stalinismo supuso la abolición de los principios que inspiraron la Revolución Rusa. El mecanismo ideológico para proclamarse, paradójicamente, heredero de los mismos fue la reorientación de las fórmulas verbales del marxismo con el fin de justificar las políticas públicas de la nomenklatura, la clase dominante durante toda la historia de la URSS. 

10) Es indudable el impacto mundial de la Revolución rusa y la URSS, convertida en superpotencia político-militar, con un papel decisivo en la derrota del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial y un poder de fascinación suficiente para conservar su aureola como testimonio revolucionario. La idea de comunismo se expandió por medio mundo como una llamada a la emancipación popular por la que valía la pena luchar y hasta dar la vida y tuvo su propio eco en el mundo occidental en la forma de lo que Joseph Fontana llama el “reformismo del miedo”, es decir, el reformismo social que dio lugar al Estado del Bienestar entendido como pantalla para neutralizar la influencia del “comunismo” en las clases populares. En esta linea, conviene también recordar que los partidos comunistas que dominaron la resistencia contra el nazismo en países como Francia, Italia, Yugoslavia y Grecia, cuyo potencial revolucionario fue aplastado tanto por Londres y Washington como por Moscú, también contribuyeron al nacimiento del Estado del Bienestar, que los partidos comunistas occidentales continuaron su lucha en espacios como el sindicalismo, la gestión municipal o las asociaciones de base, que, en el caso de España, Grecia y Portugal, lideraron la lucha contra la dictadura y por la democracia y que, en lo que respecta a la Europa Oriental, fueron en gran parte comunistas quienes se levantaron contra el modelo dictatorial soviético en nombre del “socialismo de rostro humano”. 

11) La intolerancia occidental a la existencia de la URRS, que dio origen a la Guerra fría, no fue por el carácter dictatorial del Estado soviético, sino por ser una construcción política desconectada del yugo imperialista occidental. La teoría de la amenaza soviética fue la manipulación criminal que sirvió para justificar la carrera armamentística. La URSS era una dictadura, sí, pero no la que pinta la propaganda occidental. El poder soviético nunca pretendió exportar la revolución y su apuesta geopolítica fue siempre la coexistencia pacífica. El objetivo real de la URSS en el diseño de la postguerra tras la Segunda Guerra Mundial no era la expansión territorial sino el establecimiento de garantías mínimas para su supervivencia como Estado. 

¿Qué podemos recuperar hoy en día de todo lo dicho? 

La caída de la URSS y de los regímenes de Europa Oriental sirvió a la ideología anticomunista para proclamar el triunfo definitivo de la “pax americana”, el mercado libre universal y la democracia liberal, “lo natural”, frente a los monstruos de la escasez y la tiranía generados por la utopía revolucionaria, “lo ideológico”. Sin embargo, la crisis actual del capitalismo ha puesto en evidencia a todos los que habían criminalizado las predicciones marxistas del aumento exponencial de las desigualdades por la concentración progresiva de la propiedad capitalista en pocas manos. 

Hoy, las realidades en las que se gestó el marxismo y la revolución están a flor de piel. Los anhelos emancipatorios se han reactivado y se han proyectado en un sinfín de movimientos sociales y organizaciones políticas que siguen apuntando a la acumulación de capital y al secuestro de la democracia por los patronos, gestores y gendarmes del gran capital como la piedra angular que explica la explotación de la fuerza laboral, el saqueo de los recursos del planeta y la represión política. De ahí que las viejas fobias destructivas del anticomunismo continúen en su pretensión de usurpar a la ciudadanía el lenguaje propicio para interpretar el mundo, interpretarse en él y participar en la construcción de alternativas basadas en la democracia, la igualdad y la cooperación. 

Desde esta perspectiva, hay que tener en cuenta la lección básica de la Revolución Rusa: la abolición directa de la propiedad privada y del intercambio regulado por el mercado, en ausencia de formas concretas de participación popular, resucita las relaciones de servidumbre y dominación. Sin embargo, ¿quién puede decir que esta constatación conlleve la condena en bloque de las aportaciones humanitarias del marxismo y el comunismo? 

La idea de comunismo no entraña el sacrificio de la individualidad a la colectividad anónima, como pretenden hacer creer sus enemigos, sino la plena realización humana en su inmersión en la solidaridad social. Exactamente, la antítesis del capitalismo liberal y del capitalismo de Estado. Lo dijo Marx: “El libre desarrollo de cada uno es condición para el libre desarrollo de todos”. En otras palabras, comunismo es bien común, en la teoría y la práctica.

Antonio Rubira León

27/07/2017
Tácticas y estrategias de la Revolución Como señala el Profesor Fontana, el centenario de la Revolución Rusa de octubre de 1917, debe servir para “sacar lecciones útiles para un presente de desconcierto e incertidumbre”. Yo añadiría, además, para comprender mejor las derrotas revolucionarias desde entonces. Aunque la lucha de clases se expresa siempre de forma concreta y todas las revoluciones bajo el capitalismo industrial... Seguir leyendo »

100 AÑOS: Hablemos de la Revolución de Octubre

MARGA FERRÉ* / ENRIQUE DEL OLMO*
Cien años del acontecimiento que partió el siglo XX. Un hecho que marcó la historia, generó esperanzas en cientos de millones de personas que vieron que otro mundo era posible, un hecho marcado por el peso de la voluntad y decisión política de cambiar la evolución rutinaria de los acontecimientos; una revolución con dos guerras mundiales encajonándola; un hecho que afectó a la vida y la muerte de millones de personas y que movió las conciencias y los valores en toda la humanidad.


Asistimos desde hace décadas a una ofensiva de la derecha y de los poderes económicos y mediáticos, donde la palabra comunismo toma el mismo sentido malévolo que los capitalistas siempre le dieron. La Revolución de Octubre, es para ellos, y así lo intentan fijar en las mentes de los ciudadanos, el mal absoluto y octubre un aborto sangriento de la historia. Una ofensiva ideológica y política que busca equiparar al fascismo con el comunismo, y que niega cualquier progreso colectivo de la sociedad, que apuesta por el orden de los poderosos como el único orden posible. Este es el primer gran rubro del debate social que se puede abrir. Pero no el único.

Por debajo de los hechos políticos, institucionales y militares más conocidos hay también una realidad poco divulgada y conocida como el conjunto de medidas y resoluciones que conducían a un cambio radical de las condiciones de vida de las personas y de las instituciones y que sobre todo, en el primer periodo de la revolución tenían un enorme potencial liberador.

El papel de la mujer
El carácter internacionalista de octubre es uno de los elementos más diferenciadores en relación a las revoluciones posteriores que se dieron esencialmente en el marco de la nación, aunque el germen internacionalista surgiese al calor de la organización de la nueva clase obrera a mediados del siglo XIX. La Revolución Rusa está marcada por esa pugna entre el internacionalismo y el repliegue nacionalista que acompaña el ascenso de Stalin al poder.

Obviamente el debate afecta a varias preguntas nodales: ¿Es posible una revolución en el mundo actual? ¿Qué revolución? ¿Qué componentes de aquel octubre perviven y cuales lastran el cambio social?

La degeneración estalinista del régimen nacido al calor de la Revolución de Octubre es un extraordinario campo para la controversia y el debate. ¿Estaba ya la inscrita la burocratización, en los genes del leninismo? ¿El bolchevismo es lo opuesto a la democracia? ¿Stalin es producto de la maldad de un sujeto o un proceso social que fue imparable? A pesar de todo ¿el estalinismo tuvo efectos positivos? ¿Internacionalismo y patriotismo son dos términos contrapuestos?

Hay un aspecto de la Revolución de Octubre que queremos resaltar en profundidad: el papel de la mujer en la misma. La lucha en el seno mismo del bolchevismo de Inessa Armand, de Alexandra Kollontai, de Kruspkaia,. O las aportaciones desde fuera del bolchevismo como las de Enma Goldman. Su lucha por la emancipación de la mujer obrera permitió que se aprobara el matrimonio civil, el derecho al divorcio, la legalización del aborto y un nuevo Código Civil, en el que se eliminó la supremacía del hombre sobre la mujer. El avance y su posterior regresión también deben ser objeto de análisis y debate.

Pero la Revolución Rusa no sólo fue un hecho en términos sociales, políticos y filosóficos. No sólo fue una agitación universal en el terreno de la lucha de clases. Sus manifestaciones en ámbitos como el arte, la cultura y la ciencia fueron extraordinarias. Corrientes como el supremacismo, el constructivismo, el surrealismo, el cine-ojo,... Escritores como Vladimir Mayakovski, Boris Pasternak o Sergei Esenin.

En el mundo de la pintura, a las figuras ya emergentes de Kandinski, Malévich y Marc Chagall se unen los jóvenes Rodchenko, Tatlin, Goncharova o Popova. El ya extraordinario panorama musical ruso se ve engrandecido y renovado por Stravinski, Rajmaninov, Shostakovitch y Pokrofiev. En el teatro con Stanislavski y Meyerhold. En pedagogía con Makarenko y Alexandra Kollontai,... y hoy el debate se abre también a estos ámbitos.

Desde entonces, nuevas revoluciones se han producido; triunfantes, derrotadas, degeneradas. Y hoy nuevos movimientos aparecen de forma imprevista en la escena social, nuevas generaciones que se atreven a cuestionar lo existente y que quieren cambiar el poder y la sociedad desde una perspectiva con una profunda raíz democrática. Pero también movimientos racistas, arcaicos, patriarcales, xenófobos, milenaristas que, aprovechando la injusticia global del planeta, surgen para intentar retrotraernos a la prehistoria. Y en este panorama, ¿es posible imaginar una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales, como demandaba ya la Comuna de París? En 1917 hubo gente que lo creyó y lo hizo. Hablemos de ello.

Marga Ferré es Presidenta de la Fundación Europa de los Ciudadanos

Enrique del Olmo es Presidente de la Fundación Andreu Nin.

miércoles, 26 de julio de 2017

26 DE JULIO: Día de la Rebeldía Nacional

El 26 de julio de 1953 fuerzas del pueblo revolucionario cubano asaltaron los cuarteles de Moncada contra la dictadura de Batista y liderados por Fidel Castro. Estos hechos han pasado a la historia como el Día de la Rebeldía Nacional.

26 de julio de 1953. Fuerzas del pueblo revolucionario armado decidieron dar un asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Granma. Estos hechos y este día han pasado a la historia, grabados en la memoria del pueblo cubano y del resto del mundo como el Día de la Rebeldía Nacional y antesala de las luchas que llevaron al triunfo definitivo de la Revolución Cubana en enero de 1959.


Cuba vive en plena dictadura del general Fulgencio Batista tras el golpe de estado del 10 de marzo de 1952. El dictador se hizo con el poder derrocando a Carlos Prío Socarrás apoyado por la CIA, y justificándose por tener al país sumido en la bancarrota e inmerso en drogas y juego.

Batista llegó al poder de la isla. Pero no hizo otra cosa que agravar la ya caótica situación de la población cubana que, de manera ilegal, gobernó hasta el primero de enero de 1959, día en que, junto a sus más estrechos colaboradores, huyó del país cargado de dinero público. Los santiagueros vivieron con Batista bajo una política alarmante y vacía de ética. Era un periodo caracterizado por la represión, la violencia, la persecución y el empeoramiento de las diferencias sociales.

Así lo entendió en su momento la llamada Generación del Centenario. El 28 de enero de 1953, 100 años del nacimiento de José Martí, de nacido, un grupo de jóvenes decidió continuar el legado de la Guerra Continua proclamada por el conocido Héroe Nacional Cubano. 

Con las primeras luces del día 26 de Julio de 1953, el grupo de  jóvenes  liderados por el entonces abogado Fidel Castro, se dirigieron hacia Santiago de Cuba. Querían reavivar los ideales de independencia del pueblo cubano. 

"Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará"

Durante el mes de febrero, los protagonistas de la insurrección comenzaron los enfrentamientos de tiro, organizados en diferentes fincas de La Habana , y consiguieron confeccionar los uniformes del Ejercito con los que se disfrazarían para entrar en las zonas militares.

En junio, la granja Siboney, cerca de Santiago de Cuba, un viejo hospedero en Bayamo y dos casas de la ciudad, fueron el refugio de los futuros asaltantes. La noche anterior a los hechos, Fidel Castro distribuyó a los hombres en tres grupos: el primero en el que él mismo iría al frente atacaría el cuartel de la Moncada, el segundo al mando de Raúl Castro tomaría el Palacio de la Justicia, y el tercero, a cargo de Abel Santamaria, ocuparía el Hospital Saturnino Lora.

"Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante”, expresó el Manifiesto del Moncada, redactado por el joven poeta Raúl Gómez García y que se leyó antes de salir a la acción.

26 de julio de 1953. Fuerzas del pueblo revolucionario armado decidieron dar un asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Granma. Estos hechos y este día han pasado a la historia, grabados en la memoria del pueblo cubano y del resto del mundo como el Día de la Rebeldía Nacional y antesala de las luchas que llevaron al triunfo definitivo de la Revolución Cubana en enero de 1959.

Durante el mes de febrero, los protagonistas de la insurrección comenzaron los enfrentamientos de tiro, organizados en diferentes fincas de La Habana , y consiguieron confeccionar los uniformes del Ejercito con los que se disfrazarían para entrar en las zonas militares.

En junio, la granja Siboney, cerca de Santiago de Cuba, un viejo hospedero en Bayamo y dos casas de la ciudad, fueron el refugio de los futuros asaltantes. La noche anterior a los hechos, Fidel Castro distribuyó a los hombres en tres grupos: el primero en el que él mismo iría al frente atacaría el cuartel de la Moncada, el segundo al mando de Raúl Castro tomaría el Palacio de la Justicia, y el tercero, a cargo de Abel Santamaria, ocuparía el Hospital Saturnino Lora.


El intento fallido de la toma del cuartel de la Moncada
Era domingo de carnaval aquel 26 de Julio de 1953 en Santiago de Cuba cuando, de madrugada – a las 5 y 15 a.m.-, un grupo de ciento setenta y cinco jóvenes inició el asalto. Los grupos de Raúl Castro y Abel Santamaría lograron asaltar los edificios colindantes al cuartel, pero un accidente hizo que el grupo de Fidel no lograra tomar la fortaleza.

Los jóvenes disfrazados se encontraron con una "guardia cosaca" que avisaron de la intrusión. Los asaltantes lograron una buena ofensiva y causaron al ejército treinta bajas, de ellas once muertos y diecisiete heridos. Pero el Moncada acogía en su interior a más de mil soldados, de modo que los revolucionarios optaron por retirarse, tras un combate de cerca de dos horas. 

Gran parte de los revolucionarios fueron asesinados y detenidos durante los asaltos

En caso de no poder tomar el cuartel, la consigna era retirarse a Siboney para, y desde allí, procurar llegar a las montañas de la Sierra Maestra y proseguir la lucha. Pero tampoco la retirada resultó de manera satisfactoria. 

La represión tras los asaltos: De 70 combatientes muertos, solo ocho cayeron en combate

La represión desatada por los tiranos contra los asaltantes fue de lo más salvaje; Apresados tras el asalto, a Abel Santamaría le sacaron los ojos y a Boris Luis Santa Coloma le arrancaron los testículos. Una veintena de combatientes fueron sacados con vida del Hospital Saturnino Lora y trasladados por los soldados de la dictadura al cuartel, donde por orden de Batista, fueron asesinados a diez prisioneros por cada soldado muerto. 

Haydée Santamaría y Melba Hernández también fueron detenidas y llevadas al Moncada. Estas dos mujeres fueron testigos de excepción de la masacre allí cometida. Se libraron de ser asesinadas gracias a un fotógrafo, que acompañaba a la periodista Marta Rojas, simuló hacerles una fotografía (a pesar de no tener película en la cámara) y, regándose la noticia de que en el cuartel había dos mujeres detenidas, los soldados ya no podían presentarlas como muertas en combate. 

Estos son solo algunos ejemplos pero la brutalidad de la violencia ejercida llegó a límites inimaginables. De las 70 personas que murieron el 26 de julio y en días posteriores a manos de la tiranía, sólo ocho cayeron en combate; el resto de los cadáveres, sin excepción alguna, presentaban signos de evidentes mutilaciones y salvajes torturas.

El alegato de Fidel: "La historia me absolverá"
Cuando fueron detenidos, Fidel fue separado del resto de sus compañeros. Su juicio se celebró en una pequeña sala del Hospital Saturnino Lora. Era 16 de octubre de 1953 y, en la autodefensa, pronunció su alegato final conocido como La historia me absolverá.

Su alegato se convirtió en el programa político del nuevo movimiento revolucionario de Cuba: la lucha desde y para los sectores populares. El alegato reivindica el derecho a la rebelión, y lejos de exculpar sus actos, proclama la justa defensa ante la ilegalidad del gobierno golpista. 

"En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no lo ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa, la historia me absolverá" expresa el último párrafo de la defensa del comandante.

 Al igual que sus compañeros, Fidel permaneció en la cárcel hasta el 15 de mayo de 1955. Una vez estuvo en libertad, y en total clandestinidad, creó la organización político-militar Movimiento 26 de Julio, con Che Guevara, Haydee Santa Maria, Melba Hernadez o Vilma Esoin en sus filas.

"No temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos"

En diciembre de 1956 un grupo de 82 guerrilleros, al frente del Fidel, se embarcaron en México en el Yate Granma para desembarcar en la Playa de las Coloradasm em el Oriente Cubano. Tras un mal comienzo con numerosas bajas, un grupo de 20 personas, el Ejército Rebelde, consiguieron instalarse en una base guerrillera en la Sierra Maestra. Este fue el comienzo de la lucha y revolución que derrocó a la dictadura en la grandiosa victoria del 1 de enero de 1959.


El propio Comandante en Jefe, Fidel Castro, ha conmemorado en muchas ocasiones las acciones del 26 de julio, recordándolas como "un nuevo camino al pueblo; que marcó el inicio de una nueva concepción de lucha, que en un tiempo no lejano hizo trizas a la dictadura militar y creó las condiciones para el desarrollo de la Revolución'.


La no consecución de los planes trazados fue un fracaso militar, pero sin lugar a dudas, se articuló como un éxito moral y político al marcar  la ruta de la posterior lucha guerrillera que culminó con el Triunfo de la Revolución Cubana.

viernes, 21 de julio de 2017

100 AÑOS: A 100 años de revolución rusa y del octubre soviético

POR IZQUIERDA REVOLUCIONARIA

¡A los ciudadanos de Rusia!

25 de octubre [7 de noviembre] de 1917, 10 de la mañana

El Gobierno Provisional ha sido depuesto. El Poder del Estado ha pasado a manos del Comité Militar Revolucionario, que es un órgano del Sóviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado y se encuentra al frente del proletariado y de la guarnición de la capital.

Los objetivos por los que ha luchado el pueblo —la propuesta inmediata de una paz democrática, la supresión de la propiedad agraria de los terratenientes, el control obrero de la producción y la constitución de un Gobierno Soviético— están asegurados.

¡Viva la revolución de los obreros, soldados y campesinos!

El Comité Militar revolucionario del Sóviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado [texto escrito por Lenin]


Este año se cumple el centenario de la Revolución de Octubre, cuando los trabajadores, los soldados y los campesinos pobres de Rusia se sacudieron siglos de opresión y humillación bajo el zarismo, acabaron con el poder de la burguesía y los terratenientes, y establecieron las bases para una nueva sociedad. Los gigantescos acontecimientos que tuvieron lugar en Rusia entre febrero y octubre de 1917 conmocionaron al mundo entero porque fueron la demostración de que los esclavos podían liberarse del yugo de sus amos, que las masas oprimidas podían organizar la sociedad sin el concurso de sus explotadores. La onda expansiva de la Revolución de Octubre se sintió inmediatamente en todo el mundo: Alemania, Austria, Hungría, Finlandia, Italia, Bulgaria, el Estado español, los países coloniales… La clase obrera de todos los continentes fue contagiada por el mensaje de Octubre y los bolcheviques, y apoyándose en su ejemplo crearon la organización revolucionaria más importante que la historia haya conocido jamás: La Internacional Comunista. Nunca antes el capitalismo había estado tan amenazado.

Defender el legado de Octubre y del bolchevismo

En el prólogo a su obra sobre la revolución rusa, Trotsky señala: “El rasgo característico más indiscutible de las revoluciones es la intervención directa de las masas en los acontecimientos históricos. En tiempos normales, el Estado, sea monárquico o democrático, está por encima de la nación; la historia corre a cargo de los especialistas de este oficio: los monarcas, los ministros, los burócratas, los parlamentarios, los periodistas. Pero en los momentos decisivos, cuando el orden establecido se hace insoportable para las masas, éstas rompen las barreras que las separan de la palestra política, derriban a sus representantes tradicionales y, con su intervención, crean un punto de partida para el nuevo régimen. Dejemos a los moralistas juzgar si esto está bien o mal. A nosotros nos basta con tomar los hechos tal como nos los brinda su desarrollo objetivo. La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos”.

Cien años después, Octubre sigue teniendo una enorme significación histórica para los trabajadores y jóvenes que luchamos contra el orden capitalista. Las lecciones de aquella revolución deben estudiarse a la luz de los acontecimientos del presente. Para la mayoría de los dirigentes de las organizaciones tradicionales de la izquierda (ex socialistas, ex comunistas, ex sindicalistas), y para no pocos de las nuevas formaciones de la izquierda reformista, la revolución rusa es un hecho histórico sin la menor trascendencia práctica en la actualidad y, cuando no la denigran, no cesan de difundir una imagen distorsionada y falsa de la misma. Por supuesto, esto no es ajeno al papel de estos individuos en la lucha de clases. Muchos de ellos se han convertido en apologistas de la estabilidad del capitalismo, y con su política de colaboración de clases hacen viable la agenda antiobrera de la burguesía, sus recortes y austeridad. Todos estos sectores han abandonado cualquier vínculo con las ideas del socialismo y del marxismo, y jamás se podrán conciliar con la revolución rusa.

Los reformistas del movimiento obrero, vulgares transmisores de los prejuicios y mentiras que la burguesía ha fabricado durante décadas, no se cansan de repetir que la revolución rusa fue un golpe de Estado que condujo inevitablemente a la dictadura estalinista. Cualquiera que haya estudiado honestamente la génesis y el desarrollo de la Revolución de Octubre llegará a la conclusión de que esa visión no es más que una grosera falsificación. Nunca la historia ha registrado una revolución más popular, más participativa y democrática. Nada más alejado de un golpe de mano que la toma del poder protagonizada por los trabajadores y los soldados rusos en Petrogrado y Moscú el 7 de noviembre de 1917 [25 de octubre según el calendario occidental], una insurrección sancionada por el II Congreso de los sóviets de toda Rusia, la representación más genuina, directa y democrática de las masas rusas.

Octubre ha sido una de las gestas más importantes de la humanidad por su carácter liberador y consciente. Por primera vez en la historia, el objetivo de una revolución no fue perpetuar la división de clases, la explotación económica o el Estado como instrumento de opresión (como ocurrió con las grandes revoluciones burguesas), sino eliminar esas reliquias de la sociedad clasista y crear las condiciones materiales y culturales para un salto sin precedentes en la civilización.

El programa socialista e internacionalista de la revolución rusa y del Partido Bolchevique —dirigido por Lenin y Trotsky—, de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, siguen estando vigente para los revolucionarios de hoy en día. Las tareas y problemas que afrontaban los marxistas en 1917 son, esencialmente, semejantes a los planteados en la actualidad, cuando la crisis más aguda del capitalismo en setenta años extiende su mancha de desigualdad, paro masivo, opresión nacional, guerras imperialistas y destrucción del medio ambiente, amenazando el futuro de la humanidad. En los países capitalistas desarrollados e imperialistas, en Latinoamérica, en Oriente Medio…toda la experiencia histórica transcurrida desde el Octubre soviético demuestra que no hay terceras vías para conseguir la emancipación de los trabajadores. Las ilusiones en la posibilidad de una suerte de “capitalismo de rostro humano”, idea que cobró fuerza entre sectores de la intelectualidad de izquierdas tras el colapso de la URSS y los regímenes estalinistas de Europa del Este, fue una consecuencia más de la ofensiva ideológica de la burguesía contra las ideas del socialismo. El único capitalismo posible es el que estamos sufriendo, una pesadilla cotidiana para cientos de millones de seres humanos.

Desde Izquierda Revolucionaria vamos a celebrar este gran aniversario con todo tipo de actividades. En el mes de febrero lanzaremos una web específica sobre la revolución rusa, que contará con todos los escritos esenciales de sus protagonistas principales, un amplio archivo documental, materiales de actualidad, crítica del estalinismo, textos de la Tercera Internacional y la Oposición de Izquierda, fondo de imágenes, videos y carteles, y mucho más. También en colaboración con la Fundación Federico Engels publicaremos y reeditaremos los libros fundamentales de la revolución, como Historia de la Revolución Rusa de Trotsky, Diez días que conmovieron al mundo, de John Reed, y otros no tan conocidos pero que representan una excelente crónica de aquellos acontecimientos como el libro de Alfred Rosmer, Moscú bajo Lenin.

Conocer, estudiar, comprender las lecciones de la revolución rusa de 1917 es una obligación para todos los que luchamos por la transformación de la sociedad, sobre todo para quienes nos consideramos comunistas. Tras décadas de falsificación del marxismo a manos de la burocracia estalinista, reconvertida ahora en la nueva clase capitalista de Rusia, es imprescindible volver a las esencias de Octubre, al auténtico leninismo. Este es el único camino para garantizar la victoria de la clase obrera mundial en las duras pruebas que se avecinan.

EXALTACIÓN DEL GOLPE DE ESTADO DEL 36 Y AMENAZAS A LA CIUDADANÍA


El ejército de Cospedal, celebra la efeméride del golpe de estado y el inicio de la guerra civil y los asesinatos en masa por el franquismo según puede verse en una foto publicada en Twitter por el exJemad y miembro de Podemos, Julio Rodríguez, el pasado martes día 18, cuando se cumplieron 81 años del sangriento golpe de Estado que dio inicio a la guerra civil. Además, del texto se desprende una clara amenaza a la ciudadanía si, en libertad de criterio, se "equivocan" a la hora de elegir sus líderes, su forma de estado o simplemente su pertenencia al estado español. En el encabezamiento consta la unidad: “Agrupación de apoyo logístico nº61”.
Este es el texto completo:
“En este día de 1.936, oficialmente, se inicia en toda España un alzamiento cívico-militar, en el que participa la mayoría del Ejército. Es un día importante en la historia de nuestra patria que merece ser recordado, para que las generaciones futuras eviten el que se produzcan las circunstancias que propiciaron el enfrentamiento bélico. Los pueblos que olvidan su historia están irremisiblemente condenados a repetirla”.

La rectificación ha sido laxa y falta de información sobre la destitución de los responsables y su procesamiento por sedición y amenazas a la ciudadanía. 


  •  Hemos publicado esa efeméride? Sí
  • Ha sido un error? También
  • Pedimos disculpas? Por supuesto
  • 17:52 - 19 Jul 2017

Obviamente para nosotr@s la respuesta dada significa más bien lo siguiente:

  • Han publicado esa efeméride? Sí
  • Han exaltado la sublevación militar? También
  • Piden disculpas? Mostrando justicia, responsabilidad y reparación, NO.


martes, 18 de julio de 2017

100 AÑOS: Octubre es del siglo XX


Por JOSE ANTONIO ERREJÓN
El centenario de la Revolución de Octubre y el balance de este siglo de historia en buena medida determinada por ella nos colocan ante lo que, creo, es la cuestión más importante, saber si y en qué medida Octubre sigue operando como el gran foco de aliento y esperanza para millones de personas que en diversas zonas del mundo sufren la injusticia y la opresión y aspiran a una vida distinta. 

Hace casi treinta años que vinieron abajo con una imprevista facilidad la mayor parte de los regímenes políticos que se declaraban herederos del Octubre del 17 y los que se mantienen o bien lo hacen en situación más que precaria como Cuba o alimentan, como China, una modalidad de capitalismo de Estado imprescindible para la continuidad del sistema global. 

Ello podría hacer pensar que Octubre y su legado son un fenómeno limitado al siglo XX, que nacieron y murieron con él. Esta limitación temporal vendría así a unirse a otras limitaciones ya señaladas por sus propios coetáneos: Pannekoek, Rosa, Gramsci y las izquierdas italianas y holandesas que, entre otros, señalaron las limitaciones de la experiencia bolchevique; en la medida misma en que lo fue, es decir, en la medida en la que el original impulso consejista y socialista, cedía el paso a las tareas de construcción del Estados Soviético. 


Sea como fuere, parece evidente que el aliento libertario presente en él “Estado y la Revolución” no pudo sobrevivir a la dura experiencia de la construcción y defensa del Estado bajo Stalin y sus sucesores. A partir del 53 en Berlín, del 56 en Budapest y del 68 en Praga quedó claro que Octubre ya solo servía como litúrgica invocación para la gerontocracia soviética y que el movimiento obrero que, siquiera parcialmente, obedecía sus consignas lo fue paulatinamente abandonando. 

Que esta tendencia de abandono coincidiera con la del debilitamiento del propio movimiento obrero y su acorralamiento por la triunfante revolución neoliberal, ha llevado a algunos a certificar el fin y la imposibilidad misma del movimiento obrero y a añorar los viejos y buenos tiempos de la URSS y sus efectos atemorizantes de la burguesía y del imperialismo. 

Creo, sin embargo, que los límites de Octubre y del leninismo no son tan distintos de los que han aquejado a la socialdemocracia y tienen que ver con que su crítica del capitalismo se ha reducido en la injusta distribución del valor producido y no en el hecho mismo del trabajo abstracto, la lógica que ha llevado al sistema a los efectos devastadores de la vida social y natural que hoy padecemos. 

La asfixia de la vida política y ciudadana, la construcción de Estados burocráticos y opresores y el sometimiento de pueblos enteros en nombre del socialismo y del comunismo, han sido sólo avatares de la consolidación, en la periferia del sistema, de un Estado encargado de las tareas que los capitalismos del centro habían construido un siglo antes. 


Son varios los rasgos de Octubre y el leninismo que desaparecen con el siglo XX : la concepción militar del partido y la militancia, la clase como portadora de una misión histórica cuya verdad es revelada por los conocedores de la “Ciencia de la Revolución”, una concepción del capital financiero y del imperialismo que hoy todo lo más puede suscitar ternura por su ingenuidad, su valoración positiva de fenómenos como el capitalismo de estado los monopolios o el taylorismo, etc. etc. 

En el transcurso de este siglo y especialmente en las cuatro últimas décadas hemos asistido a fenómenos que cuestionan el leninismo e incluso algunas previsiones marxianas. Por no alargar en exceso estos comentarios citaré uno: la reducción del peso del factor trabajo por unidad de producto, la creciente expulsión del trabajo de los circuitos productivos que ni siquiera la mercantilización y salarización de los cuidados consiguen contrarrestar, haciendo crecer la bolsa de los excluidos. Una sociedad del trabajo sin trabajadores o, mejor, la salida de la sociedad del trabajo en el interior mismo del salariado y de las relaciones sociales capitalistas. La extensión del asalariado, incluso el fenómeno de la nueva pauperización no han abocado a una nueva proletarización (en todo caso a una lumpenproletarización). 

La desaparición del proletariado como sujeto histórico destinado a la construcción del socialismo no ha sido sustituida por sujeto alternativo alguno, a pesar de su incesante búsqueda en la segunda mitad del pasado siglo. 

Pero, además, la dialéctica histórica del capital a través de la lucha de clase no ha producido alternativa alguna a partir de su antagonismo. Ha desaparecido de la escena el que debía ser enterrador del capitalismo y el funcionamiento de este no genera contradicción alguna que resulte irresoluble dentro de su lógica de funcionamiento 

El déficit de Octubre y su herencia, lo que a estas alturas yo le puedo “criticar, es la insuficiencia de su anticapitalismo, el grado en el que ha podido compartir elementos nucleares de esta civilización. Esta civilización que parece haber perdido toda noción de límite y parece abocada a alguna o varias modalidades de catástrofe: el agotamiento de las reservas energéticas, el agua dulce y las materias primas, la extinción de buena parte del patrimonio biológico o el acelerado proceso de calentamiento global parecen ser los únicos frenos a esta civilización desbocada, los límites que en su lógica interna ha sido imposible encontrar. 

¿Podían Octubre y sus protagonistas descubrir la verdadera faz del capitalismo, el núcleo profundamente inhumano y ecocida que hemos conocido ya en la segunda mitad del siglo XX?. Es más que probable que no; aun cuando para entonces el capitalismo había mostrado ya la terrible cara del colonialismo, el imperialismo y la guerra (contra los que Lenin y sus compañeros, al contrario que la socialdemocracia internacional, supieron levantar la indignación de los más desposeídos), las taras del movimiento obrero y la naciente Internacional estaban vinculadas a lo que parecía el objetivo inmediato, el derrocamiento de los regímenes capitalistas y la apertura de regímenes de transición socialista. 

Que tales regímenes se legitimaran desde el punto de vista de la pretendida teoría marxista, como dictaduras del proletariado, utilizando un pasaje circunstancial de la obra de Marx y, sobre todo, que tal período histórico transitorio, fuera interpretado en la particular cosmogonía staliniana, como las terribles dictaduras que hemos conocido en Europa y en otras latitudes, es otra de las tragedias que la historia ha deparado a un movimiento nacido para la procura de la libertad, la dignidad y la emancipación de los pobres de la Tierra. 

No podemos saber cómo hubiera sido esta historia sin la Revolución de Octubre. Pero si sabemos qué hace cien años millones de obreros y campesinos imaginaron que la vida podría ser algo distinto de la explotación brutalidad y sufrimiento que les había acompañado desde su nacimiento. 

Y a esa esperanza la llamaron Lenin.