lunes, 21 de agosto de 2017

100 AÑOS: Tácticas y estrategias de la Revolución


Como señala el Profesor Fontana, el centenario de la Revolución Rusa de octubre de 1917, debe servir para “sacar lecciones útiles para un presente de desconcierto e incertidumbre”. Yo añadiría, además, para comprender mejor las derrotas revolucionarias desde entonces. 


Aunque la lucha de clases se expresa siempre de forma concreta y todas las revoluciones bajo el capitalismo industrial son distintas, todas tienen fundamentos políticos similares. No todas las situaciones revolucionarias terminan en revolución, de la misma manera que no toda revolución culmina en victoria. De hecho, la mayor parte de las revoluciones del siglo XX han sido derrotadas. La excepcionalidad histórica de Rusia en 1917 es que se producen las tres circunstancias. Las dos primeras como hechos objetivos desde la Revolución de Febrero: explosión revolucionaria de las masas obreras sin dirección política en Petrogrado, con repercusión en el medio rural y sobre todo en los campos de batalla, fruto de las contradicciones económicas, sociales y políticas, que los desastres de la guerra agudizan exponencialmente. Pero al mismo tiempo, un elemento subjetivo: una organización con influencia de masas que a través de una táctica y estrategia definida, conquista el poder político derribando el sistema capitalista para construir el socialismo. 

La estrategia del Partido Bolchevique desde Las Tesis de abril de Lenin se basa en su objetivo político: la toma del poder por parte de la clase obrera, para evitar que los trabajadores vuelvan a ser derrotados por la contrarrevolución como en 1905 y la Comuna de París de 1871. Y al mismo tiempo, una táctica de intervención en los Soviets para ganar la mayoría de los trabajadores -que inicialmente respaldan a mencheviques y eseristas en objetivos democrático-burgueses en Febrero-, para luchar por la revolución socialista en Octubre. De esta forma, además de ser la primera revolución obrera que triunfa, tiene la particularidad de ser la más importante, no solo por significar la mayor transformación económica, política y social de un país en la Edad Contemporánea, sino por la connotación táctica y estratégica que se lleva a cabo. 

Aunque la Revolución de Febrero la hacen los trabajadores de Petrogrado con repercusión en los soldados de su guarnición militar -obreros y sobre todo campesinos “uniformados”- que impiden su derrota por las fuerzas policiales del zarismo, el Gobierno Provisional resultante es de la burguesía, que se ha puesto a sí misma tras la caída del Zar. Los liberales se ven obligados a “compartir” un doble poder con los Soviets de obreros y soldados, que les aleja cada vez más de las masas trabajadoras, al continuar la guerra y las precarias condiciones laborales y salariales en las fábricas. La lucha de clases en esta situación mantiene una tensión permanente entre los obreros que convocan manifestaciones y huelgas a través de los Soviets, y el Gobierno burgués que mantiene el capitalismo y la guerra. Como resultado, los liberales precisan la participación de las organizaciones obreras reformistas en su gobierno para tratar de calmar los comportamientos revolucionarios de la clase trabajadora. Sin embargo, la entrada de mencheviques y eseristas en el Gobierno Provisional en mayo, que no cuestiona ni la continuación de la guerra ni la propiedad de las fábricas y las tierras, deja a los bolcheviques ante los ojos de las capas más activas de los Soviets, como los únicos que defienden la lucha por transformar la sociedad –pan, paz y tierra-, a través de su consigna principal: ¡Todo el poder a los Soviets! 

Esta idea adquiere tal influencia ante la realidad social, que los obreros y soldados de Petrogrado intentan tomar el poder en julio sin la suficiente preparación en el resto del país, motivo por el cual los bolcheviques no lo plantean en ese momento. Esta consideración táctica de los bolcheviques en julio, valorando prematuro la lucha por el poder en el proceso de toma de conciencia -determinación de lucha y organización- que es insuficiente fuera de la capital, se combina dialécticamente con las prisas de Lenin a finales de septiembre para luchar por él. Una vez la contrarrevolución avanza en julio con el encarcelamiento de bolcheviques y el cierre de sus locales y periódicos, así como la intentona de Kornilov de tomar Petrogrado a finales de agosto, espolea la revolución no solo en la capital que le derrota. Por primera vez, tanto en Petrogrado como en Moscú los bolcheviques son ahora mayoría en los Soviets. De esta forma, el proceso paralelo entre el movimiento de las masas que sacan sus propias conclusiones revolucionarias en base a su experiencia, con la autoridad ganada por una organización que aglutina a los sectores más combativos dentro de la expresión de lucha común de todas las capas obreras en los Soviets, es lo que permite el 24 de octubre la toma del poder. La insurrección de Octubre es la culminación del proceso revolucionario de manera consciente y organizada por el Partido Bolchevique, cuyo protagonista es la clase obrera a través de los Soviets. Durante toda la jornada, las agrupaciones armadas de obreros y soldados toman casi sin resistencia el control de las instituciones del Estado y organismos públicos, no solo por tener el poder real el Comité Militar Revolucionario del Soviet, sino por carecer de poder alternativo para contrarrestarlo el Gobierno Provisional y el Ejército fuera de Petrogrado. 

Por lo tanto, se puede establecer una primera diferenciación cualitativa en el proceder bolchevique en 1917 en los órganos de poder obrero de los Soviets, de la posterior realidad de la URSS bajo control estalinista, que se basa en la anulación de los mismos. El estudio de la revolución rusa de 1917 –de febrero a octubre- merece un análisis específico y diferenciado de la posterior guerra civil provocada por la burguesía rusa e internacional, que da lugar a errores en el Comunismo de guerra, la NEP y el partido único, ante una coyuntura de aislamiento internacional y desastre económico no previsto. Por el contrario, la diferenciación con el estalinismo a partir de 1925 puede hacerse sobre los parámetros políticos de 1917. Mientras el Partido Bolchevique basa su autoridad a través de la intervención revolucionaria en el funcionamiento democrático de los Soviets donde los trabajadores ejercen su poder, el estalinismo establece su control político eliminando el poder de los Soviets. También por la política llevada a cabo en el Comintern, con una táctica y estrategia en las luchas revolucionarias a nivel internacional, que es exactamente la contraria de los bolcheviques en 1917. Mientras el frente único es abandonado desde su VI Congreso en 1928 equiparando socialistas y fascistas –anulando la lucha conjunta con mencheviques y eseristas en los soviets a través de huelgas, manifestaciones y evitar el triunfo de Kornilov-, desde el VII Congreso de 1935 con el frente popular propone unirse a la burguesía liberal contra la reacción –anulando su negativa a colaborar con el Gobierno Provisional-. La resultante empírica de ello es que bajo influencia de la URSS durante el siglo XX, solo hay derrotas revolucionarias sin victoria alguna y aquellas que se producen -China y Cuba-, lo son sin su orientación previa. La experiencia histórica del movimiento obrero sirve de inspiración para aplicar los aciertos no de forma mecánica tratando de copiarlos, sino para adaptarlos. Mientras estalinismo los anula, los bolcheviques en 1917 los aplicaron.

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